Pueden deducirse varios corolarios de esta ecuación, por ejemplo éste: nuestra época se entrega al dominio de la velocidad y por eso se olvida tan fácilmente de sí misma. Ahora bien, prefiero invertir esta afirmación y decir: nuestra época está obsesionada por el deseo de olvidar y, para realizar este deseo, se entrega al demonio de la velocidad; acelera el paso porque quiere que comprendamos que ya no desea que la recordemos; que está harta de sí misma, asqueada de sí misma, que quiere apagar la temblorosa llamita de la memoria.

La lentitud. Milan Kundera. 147

La palabra pronunciada en un pequeño espacio cerrado significa una cosa distinta que la misma palabra resonando en un anfiteatro.

La lentitud. Milan Kundera. 129

- Te aviso. La seriedad te protegía. La falta de seriedad te dejará desnudo ante los lobos. Y ya sabes que los lobos acechan.

La lentitud. Milan Kundera. 102

Pero ese “no lo sé” no es un rechazo, es la conmovedora sinceridad de una modestia ejemplar.

La lentitud. Milan Kundera. 98

¿Puede uno pasar tan fácilmente de la adoración al desprecio? (Pues sí, querido amigo, pues sí.) ¿Es entonces la simpatía algo tan frágil, tan precario? (Pues por supuesto, querido amigo, por supuesto.)

La lentitud. Milan Kundera. 91

Y Vincent, tristemente, recuerda una vieja idea suya: uno cree siempre que las oportunidades de un hombre están más o menos determinadas por su aspecto exterior, por la belleza o fealdad de su rostro, por la altura, por el pelo o su ausencia. Error. Es la voz lo que lo decide todo. Y la de Vincent es débil y demasiado aguda; cuando empieza a hablar nadie se da cuenta, de modo que se ve obligado a forzar la nota y entonces todo el mundo tiene la impresión de que grita.

La lentitud. Milan Kundera. 80

Ser elegido es una noción teológica que quiere decir: sin mérito alguno, mediante un veredicto sobrenatural, mediante una voluntad libre, cuando no caprichosa, de Dios, se es elegido para algo excepcional y extraordinario. De esta convicción han sacado los santos la fuerza para soportar los suplicios más atroces.

La lentitud. Milan Kundera. 58

Y el mundo se preocupa, aunque sólo sea en sueños, por la posibilidad de convertirse en el objeto de semejante gloria. Esta posibilidad acompaña como una sombra a cada cual y cambia su tipo de vida; porque cada nueva posibilidad de existencia, incluso la menos probable, transforma la existencia entera.

La lentitud. Milan Kundera. 50

En la matemática existencial, esta experiencia adquiere la forma de dos ecuaciones elementales: el grado de lentitud es directamente proporcional a la intensidad de la memoria; el grado de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido.

La lentitud. Milan Kundera. 48

Hay un vínculo secreto entre la lentitud y la memoria, entre la velocidad y el olvido.

La lentitud. Milan Kundera. 47